Tabaco y Cirugía Plástica

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tabaco y cirugía | Dra. Ana Martínez Padilla

Si alguna vez has leído un consentimiento informado de Cirugía Plástica, como por ejemplo los de la SECPRE (www.secpre.org/) o los del SAS (www.juntadeandalucia.es), habrás visto que, dentro de la gran diversidad por las variadas intervenciones que realizamos, todos tienen algo en común: hay unanimidad sobre la postura ante el hábito de fumar.

A pesar de las recientes modificaciones de leyes antitabaco, y del gran conocimiento sobre los perjuicios de esta droga (que lo es), ya sea por aprendizaje en casa, por impresionar a alguien durante la edad tonta, como muleta social, o incluso con la errónea creencia de que hacerlo adelgaza, la costumbre de fumar continúa estando presente en gran parte de la población española. No son pocos, además, los que no habiendo puesto un cigarro en sus labios jamás, han fumado de forma pasiva mientras lo hacían sus familiares en casa, durante su trabajo, o en tantos lugares de ocio en los que hasta hace poco no sólo estaba permitido, sino que incluso parecía que quedaba bien.

Dejando aparte los muchos daños que causa el tabaco, y que todos podemos consultar fácilmente si nos interesa, quiero centrarme en el efecto de este hábito en la piel y otros tejidos, especialmente ante una intervención de cirugía plástica.

El tabaco contiene multitud de tóxicos. Muchos de ellos, a largo plazo, aceleran el envejecimiento cutáneo. Al contrario de lo que mucha gente piensa, es broncodilatador, abre los bronquios, pero en la circulación, su efecto es diferente. Produce vasoconstricción (es decir, cierra los vasos). En un estudio se demostró que tras una calada a un cigarro, la temperatura medida en los pies puede bajar hasta un grado. Este fallo en la circulación del tejido es muy perjudicial. Dejan de llegar el oxígeno suficiente y los nutrientes, y se retiran peor las toxinas. Ocurre a corto y largo plazo.

Es por esta razón, que para muchas intervenciones exigimos a los pacientes que dejen el hábito. El efecto es tanto mayor cuando más peligra la circulación por los efectos de la propia intervención, por ejemplo si el tejido ya de ha alterado por una liposucción muy extensa o la tensión de la piel, y puede ser catastrófico en concomitancia con algunas patología como la diabetes, llegando a ser la conjunción, una contraindicación para algunas intervenciones. En algunos pacientes el riesgo de sufrimiento del tejido será tan alto, que ante las posibilidades de necrosis, podríamos excluirlos como candidatos a algunas cirugías. En la cicatrización también producirá efectos deletéreos. Puede volverse más lenta y ocurrir de forma patológica. También puede aumentar el riesgo de infección.

Por supuesto, no es una contraindicación absoluta, y salvo en fumadores de grandes cantidades y mucha antigüedad, normalmente basta con dejar el tabaco las semanas anteriores y posteriores a la cirugía para reducir los riesgos al mínimo.

En conclusión, el tabaco juega un papel crucial en la evolución de muchas intervenciones. Recomiendo dejarlo de forma permanente y el estudio exhaustivo de cada caso, y si se sospecha demasiado riesgo, no operar.

Hay que recordar siempre que, indicar que es posible operar, hará ganar clientes, pero rechazar hacerlo cuando así se considere, hará ganar prestigio.

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