Liposucción y lipoinyección: lipoescultura, lipoestructura

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lipoescultura Ana martínez padilla

Como explicaba en el artículo donde hablé de mi vocación, cuando era pequeña nunca habría podido imaginarme que sería posible extraer grasa de una zona del cuerpo en la que sobra y colocarla en otra donde falta.

La liposucción (extacción de grasa de una zona del cuerpo para modelarla o reducir su volumen. Equiparable a lipoescultura) ha sido, y tal vez este año continúe siéndolo, la intervención quirúrgica más realizada en todo el mundo. Más frecuente que la apendicectomía. Evidentemente, si está tan extendida debe ser por algo. En primer lugar, porque sirve, es decir, sus efectos son destacables y estables en el tiempo. Realmente quitas esa grasa que sobra y simplemente deja de estar allí. Tu forma corporal cambiará posiblemente para siempre. En segundo lugar, porque el público subsidiario de realizársela es muy amplio. No es una intervención estética cara, por lo que diferentes economías pueden acceder a la misma; en muchas ocasiones puede realizarse bajo anestesia local y no general, evitando así miedos, a veces infundados, en muchos pacientes; se puede realizar en una población con amplísimo rango de edades, aunque los resultados serán mejores en pieles jóvenes que retraerán mejor; y es técnicamente más sencilla que otras. Esto último ha llevado a su realización en ocasiones por personal mal preparado que no será capaz de responder si surgiera cualquier complicación.

Posteriormente llegó un hecho revolucionario: la grasa extraída podía purificarse y volver a introducirse en otros lugares del cuerpo del mismo paciente. La modificación total de la forma. “Como sí fuéramos de plastilina…”. La lipoinyección o lo que conocemos como lipofilling (puede equipararse a lipoestructura). Revolucionario desde el punto de vista de poder aumentar una parte del cuerpo o de la cara, mediante el transplante de tu propia grasa, sin necesidad de introducir una prótesis o un relleno con sustancias sintéticas, ya fueran permanentes o no. Es decir, adiós al rechazo o la intolerancia, ya que es el propio tejido del paciente. Pero además, a través de diversos estudios, se descubrió que junto con esa grasa transplantada, flotaban células madre. Parece ser que al transplantar dichas células madre, podemos mejorar todas las estructuras que las rodean, pudiendo por ejemplo mejorar el aspecto de la piel evejecida facial si la ponemos para rellenar pómulos o arrugas, o mejorando enormemente la calidad de la piel sometida a radioterapia en una reconstrucción mamaria, que nos permitirá colocar una prótesis donde tal vez antes estaba contraindicado. Incluso se puede hacer un aumento mamario exclusivamente mediante varias sesiones de transplante de grasa.

Las posibilidades son tantas y tan fabulosas que las investigaciones que seguimos llevando a cabo no paran de aportar nuevas soluciones estéticas y reconstructivas. Por ahora ya podemos beneficiar a nuestros pacientes con las numerosas aplicaciones descubiertas para el autotransplante de grasa.

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